Cataluña: el conflicto como hábito y la deriva socialista



Colaboración publicada originalmente en El Economista.


Previo a la pandemia, el conflicto separatista en Cataluña era la principal crisis que atravesaba España y formaba parte del paisaje político en el país. Durante los últimos 20 años, la confrontación física y verbal, las manifestaciones en la calle y las discusiones entre los bloques separatistas y constitucionalistas, han forjado una sociedad catalana acostumbrada a la polarización. Si bien un sector de su sociedad parecía apostar al centro político y la moderación, los comicios del próximo 14 de febrero estarán fuertemente aderezados de posiciones extremas que eventualmente profundizarán las divisiones preexistentes.


Los resultados electorales de 2017 ya retrataban esto. El partido Ciudadanos, creado en 2006 como alternativa al nacionalismo y separatismo catalán, daba el “sorpasso” al ser el partido más votado obteniendo 36 escaños bajo la bandera del centro político y respeto a la Constitución española, tras cuarenta años de gobiernos de fuerzas separatistas y dos gobiernos tripartitos del Partido Socialista Catalán (PSC). La protagonista de esta hazaña se llama Inés Arrimadas, una ferviente crítica del gobierno de Carles Puigdemont, ahora prófugo de la justicia. Por otro lado, las fuerzas separatistas alcanzaban 34 asientos con Junts per Catalunya (JuntsxCat), 32 con Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) y cuatro escaños con Candidatura d'Unitat Popular (CUP), lo cual, bastó para que llegaran a un acuerdo de investidura llevando así a la presidencia de la Generalitat a Quim Torra, quien fue cesado del cargo por el Tribunal Supremo por delito de desobediencia, al negarse a retirar una bandera separatista de la sede del gobierno.


Hoy, la configuración política y partidista ha cambiado considerablemente, no solo porque en ese momento el gobierno español estaba encabezado por Mariano Rajoy del Partido Popular (PP) quien salió por la puerta de atrás, sino también porque en ambos bandos, tanto en el separatista como el constitucionalista, se experimentaron cambios importantes. Tras el encarcelamiento de varios de los principales lideres separatistas, las disputas al interior de sus partidos no se hicieron esperar. Por su parte, Ciudadanos sufrió un fuerte golpe en las elecciones generales de 2019 y pasó de 57 escaños a solo 10, lo que provocó la renuncia de su líder nacional, Albert Rivera, sustituido por Arrimadas.


Ahora gobierna Pedro Sánchez (PSOE), quien llegó a la Moncloa con el apoyo de partidos separatistas tras la moción de censura presentada en contra de Rajoy. Su cercanía con los partidos separatistas ha provocado que su asiento como presidente dependa de estos partidos, así como de Podemos, partido que ocupa la Vicepresidencia con Pablo Iglesias, quien, por cierto, hace unos días hizo gala de su sectarismo al asegurar que “no hay plena normalidad política y democrática en España por la existencia de líderes independentistas en las cárceles y en el exilio”.


La política de Sánchez, compuesta por una alegada postura a favor del “diálogo” con los separatistas y la búsqueda de una fragmentación en la centro-derecha ante la emergencia de Vox, ha provocado que el presidente imponga a su ministro de Sanidad, Salvador Illa, quien ha sido el principal encargado de enfrentar la pandemia, como candidato del Partido Socialista Catalán (PSC). Es decir, imaginemos que el presidente López Obrador elige al Subsecretario López Gatell como candidato para contender a la gubernatura de un estado donde Morena no gobierna.


A diferencia de los comicios de 2017 donde presenciamos una euforia participativa, todo parece indicar que la abstención marcará el tono de la jornada, donde la disputa por el victimismo tendrá un lugar protagónico. Seguramente atestiguaremos una derrota del centro político y, por el contrario, un triunfo de los extremos que se verán aún más exacerbados con los discursos nacionalistas de siempre.


Emerson Segura Valencia


Actualmente se desempeña como Asesor Parlamentario en el Senado de la República. Anteriormente, fue investigador en el Centro de  Estudios Internacionales Gilberto Bosques del Senado de la República y también fue Asesor de la Comisión de Relaciones Exteriores, Organismos Internacionales del mismo Senado. Se desempeñó como investigador en el  CII del Instituto Matías Romero de la SRE.  Es egresado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales por la UDLA y cuenta con estudios en Análisis Político por el CIDE.