El balance de poder climático en América Latina

Colaboración publicada originalmente en El Economista.


El cambio climático tiene ya efectos visibles en América Latina y el Caribe. El aumento en temperaturas oceánicas ha causado la perdida del 80% de la cobertura en los arrecifes coral del Caribe en décadas recientes, afectando a ecosistemas marinos y comunidades pesqueras. El año 2020 registró la temporada de huracanes más activa en registro; los huracanes Iota y Eta causaron terribles pérdidas en Nicaragua y Honduras. Las sequías prolongadas de 2020 y 2021 han afectado seriamente las economías de Argentina, Paraguay y Uruguay, sin olvidar que, en México, cerca del 90% del territorio nacional registró algún grado de sequía en abril.


Frente a este panorama, los tres principales emisores de Gases de Efecto Invernadero de la región –Brasil, México y Argentina– llegaron a la COP26 sin coordinación para empujar temas clave en la agenda regional. Una postura común habría sido clave para negociar de manera conjunta con actores del mundo desarrollado como Estados Unidos o la Unión Europea.


Desde su llegada al poder, el presidente argentino Alberto Fernández ha tomado un peso importante en la región para discutir temas climáticos. Además de haber presentado en la COP26 una nueva meta climática más ambiciosa que la de 2015, ya prepara un plan nacional para producir hidrógeno verde y ha propuesto la aprobación de una ley de electromovilidad. Más aun, el 8 de septiembre, Argentina organizó el Diálogo de Alto Nivel sobre Acción Climática en las América, el cual contó con la asistencia de otros 7 mandatarios regionales, además del enviado climático de EUA, John Kerry y el Secretario General de la ONU.


Al igual que sucedió en la cumbre climática convocada por Argentina, los mandatarios de Brasil y México estuvieron ausentes en el segmento de alto nivel de la COP26. Además de la falta de interés de ambos mandatarios por el cambio climático y el medio ambiente –que ambos han externado de manera muy clara–, la ausencia de Brasil y México hace eco de los serios retrocesos en política ambiental y climática que se han registrado recientemente en estos dos países. De hecho, en 2020, Brasil y México actualizaron los compromisos climáticos originalmente presentados en 2015, en el marco de la firma del Acuerdo de París; contrario a lo pactado, los dos países latinoamericanos presentaron nuevas metas climáticas que llevarían a niveles incluso más altos de contaminación en 2030.


Lo que ocurre en Brasil ha recibido mayor atención mediática, por su impacto global. Ese país alberga el 60% de la cobertura forestal de la cuenca del Amazonas, un gran almacén de dióxido de carbono. El gobierno de Jair Bolsonaro se ha encargado de desmantelar las protecciones institucionales que evitaban la reducción de cobertura forestal. En 2020, la tasa anual de deforestación llegó al nivel más alto en los últimos 12 años y los incendios forestales han aumentado considerablemente, impulsados por prácticas de los sectores agropecuario y minero para despejar la tierra. Con todo, la diplomacia climática de EUA y la Unión Europea ha logrado, al menos, presionar a Brasil para presentar nuevos compromisos en la COP26: anunció una nueva meta climática hacia 2030 y un compromiso para alcanzar emisiones netas cero en 2050, además de suscribir el Convenio para Detener y Revertir la Deforestación hacia 2030.


México, que hasta hace unos años era considerado una voz relevante entre economías emergentes para abordar temas climáticos, tuvo un papel casi invisible durante la COP26. No hubo cambio alguno en la meta climática de corto plazo hacia 2030, hoy contraria al Acuerdo de París, y perdió la oportunidad de presentar un plan de emisiones netas cero hacia 2050. Por si fuera poco, nuestro país llegó sin posturas claras en temas relevantes para la región, como el canje de deuda por acción climática, el financiamiento de soluciones basadas en naturaleza o la reglamentación de mercados de carbono.

Ricardo Smith Nieves


Es licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Asesor en Desarrollo Sustentable y Temas Globales en la Fundación Desarrollo Humano Sustentable. Asociado Joven del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi). Videocolumna semanal en Gluc.mx y colaborador en asuntos internacionales para el podcast Política 101, de Inkoo.mx.