La sorpresa del Brexit

En febrero de éste año, Michel Barnier, negociador en jefe de la Unión Europea para el Brexit, presentaba un calendario con todos los “deadlines” para evitar un Brexit sin acuerdo o un “Brexit duro” al finalizar el periodo transitorio el próximo 1 de enero de 2021. Según el calendario, se esperaba que a finales de octubre se contaría con el acuerdo firmado y ratificado por ambas partes. Once meses después de la presentación, las negociaciones seguían estancadas hasta esta semana. La presión de no lograr un acuerdo ha hecho a Londres y a Bruselas a hacer concesiones. Pero, ¿qué fue lo que atrasó las negociaciones del Brexit? Son varias las razones: el COVID-19 tomó por sorpresa a todo el mundo, incluso al Brexit. En varias ocasiones ambos equipos al lado del Canal de la Mancha suspendieron las negociaciones por qué algunos colaboradores cercanos resultaron positivos al virus. También, hay varios aspectos clave ahora mismo en la negociación del acuerdo, por orden de prioridad: 1) el “level-playing field” , es decir la igualdad de condiciones, que si el Reino Unido desea tener acceso al mercado único, las empresas británicas no contarán con una ventaja por sobre las europeas; 2) la gobernanza del acuerdo y 3) la pesca. La semana pasada, tanto Von der Leyen y Johnson se pusieron de acuerdo en una llamada telefónica. El objetivo: decidir si las negociaciones seguían adelante o si de plano no tenía sentido continuar. Decidieron que era importante continuar y se dieron hasta el domingo 13 de diciembre alcanzar un acuerdo. No lo hubo y ahora ambos equipos sienten la presión de lograr el mejor acuerdo posible en tan poco tiempo. “Serán horas críticas” repiten una y otra vez líderes de ambos lados. Respecto al “level-playing field”, Londres ya hecho varias concesiones. La primera de ellas respecto a las ayudas que brinda el Estado a las empresas, mismas que están prohibidas en la Unión Europea ya que provocan competencia desleal. Habrá igualdad de condiciones para hacer negocios en ambos lados del Canal de la Mancha. Según Von der Leyen en su comparecencia en el pleno del Parlamento Europeo del pasado miércoles, Londres y Bruselas llegaron al acuerdo sobre principios comunes y garantías de aplicación, así cómo también en materia de estándares medioambientales y laborales. La gobernanza del acuerdo también ha dado nuevos avances en la negociación. Londres aceptó la idea de represalias cruzadas por parte del equipo negociador europeo, esto es, que si una de las partes incumple por ejemplo el capítulo respecto a derechos laborales del acuerdo, la parte afectada podrá tomar represalias en otro capitulo por ejemplo, los subsidios estatales. Lo que bloquea el acuerdo es la pesca y ésta es una prioridad en ambos bandos. Algunos estados miembros con intereses pesqueros en el canal de la Mancha como Francia y Países Bajos, han sostenido que es prioritario que los pescadores europeos tengan acceso a las aguas británicas. Emmanuel Macron ha insistido en varias ocasiones frente al Consejo Europeo que los pescadores franceses no serán “vendidos” por un acuerdo. Es un tema político muy delicado en la región del norte de Francia por ejemplo, donde crece más el euroescepticismo de Marine le Pen. Pero también lo es para el Reino Unido. Alrededor de 100 de 126 circunscripciones parlamentarias con actividad pesquera votaron a favor del Brexit en 2016. Ceder podría suponer un desastre político para Boris Johnson o para Macron o Rutte. La pesca sin mercado es sólo un deporte. En otras palabras, si Johnson no cede los pescadores británicos se quedan sin su mercado, ya que la mayoría se vende en Europa. Según cuenta la prensa británica, Johnson bromeó esta semana diciendo que “los ciudadanos británicos tendrán que desayunar, comer y cenar pescado”. Bruselas se muestra optimista a lograr un acuerdo in extremis los próximos días. Londres es más pesimista. Según el negociador en jefe, Michel Barnier, el acuerdo esta cerrado a un 95%. Esto significa que todos los aspectos técnicos se han ido atando. La Unión Europea ha dejado en claro cuáles son sus líneas rojas y estas son en su mayoría las de la integridad del mercado único. Algunos países miembros de la Unión, consideran que ya se han hecho bastantes concesiones hacia los británicos. Ceder de más puede traducirse en daños irreparables para el mercado interior. La trampa del Brexit se ha ido manifestando: Londres pidió un acuerdo comercial muy ligero y sencillo al que Bruselas exigió las condiciones más duras. El resultado: un acuerdo pobre con poca ambición económica y con demasiadas condiciones que conllevaría un acuerdo mucho más ambicioso. En días próximos podríamos tener la sorpresa de un acuerdo negociado bajo presión de tiempo, pero también podríamos darnos la sorpresa de un Brexit duro. En la Unión Europea existe la idea que ese no acuerdo sería temporal, así lo ha expresado en varias ocasiones Michel Barnier. Será sólo cuestión de tiempo que el Reino Unido tendrá que negociar un nuevo pacto con quién es su primer socio comercial. Diego Solís Rodríguez Maestro en Estudios europeos e internacionales por la Université de Lille, Francia. Es internacionalista por el Instituto Tecnológico y de Estudios Superiores de Occidente, ITESO. Asociado Joven del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (Comexi). Anteriormente se desempeñó como World Wide Capability Analyst en Hewlett Packard Enterprise; impulsor de la cooperación internacional entre el gobierno local francés de GrandAngoulême en Francia y el municipio de Zapopan, México, en el marco de la convocatoria en apoyo a la cooperación decentralizada México-Francia y responsable de Redes Internacionales en la Oficina de Asuntos Internacionales del Centro de Promoción Económica del Ayuntamiento de Zapopan.

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