Trump y la política del espectáculo

Colaboración publicada originalmente en El Economista La capacidad del presidente Donald Trump para dominar el paisaje mediático ha sido motivo de distintas discusiones y reflexiones en la política estadounidense. Sin duda alguna, entender este fenómeno será una parada necesaria para cualquiera que pretenda entender su periodo presidencial. No solo estamos ante un personaje del mundo del entretenimiento aterrizado en la arena política, sino que se trata de uno que tras haber sido subestimado una tras otra (de distintas maneras y en distintos momentos) por el establishment político, ha sido capaz de desdibujar las fronteras del entretenimiento, la información y la política. Es por esto que resulta vital detenernos en la trastocada relación de la democracia con la verdad. La presidencia de Trump más allá de ser un impasse en la historia de la democracia moderna constituye una aceleración de tendencias preexistentes. Y es que la política del espectáculo ha estado presente con anterioridad en los Estados Unidos y en el mundo. Basta recordar al presidente Reagan, quien, tras haber sido actor, se convirtió en presidente de la Screen Actors Guild (uno de los sindicatos estadunidenses más importantes en el medio), gobernador de California de 1967 a 1975 y finalmente, presidente en 1981. Reagan practicaba todas las noches sus líneas discursivas para las entrevistas y reuniones del día siguiente con su esposa Nancy Davis -también actriz-, justo como lo habían hecho en su paso por Hollywood. Pero también vale la pena recordar al magnate de los medios italianos, Silvio Berlusconi, quien se desempeñó como Primer Ministro en tres gobiernos (1994-1995, 2001-2006, 2008-2011) utilizando su plataforma mediática, Mediaset, para impulsar su presencia pública, su partido político (Forza Italia), su equipo de futbol (AC Milán) y sus múltiples negocios en las telecomunicaciones. Por último, cabe mencionar al actor, empresario y multicampeón del concurso Mr. Olympia de origen austríaco, Arnold Schwarzenegger, quien se convirtió en el 38º gobernador del Estado de California de 2003 a 2011. Atento a lo anterior, un personaje con las características de Donald Trump no solo tiene cabida en la vida pública estadounidense sino que, al parecer, la articula. La tecnología y las redes sociales han intensificado la mediatización de una política cada vez más proclive al entretenimiento que al debate de las ideas. Si bien esto no necesariamente va en detrimento de la democracia, sí atenta en contra de esta cuando desde la política del espectáculo, lo que consideramos como hechos o verdadero, se pone en jaque. Es ampliamente conocida la tensa relación del presidente estadounidense con los medios de comunicación. Trump ha atacado de manera permanente y sistemática a la prensa en mítines de campaña, conferencias de prensa o en tweets. En diversas ocasiones, ha calificado a los medios como “el enemigo del pueblo”, “deshonestos”, “corruptos”, “gente mala”, “escoria humana”, así como de ser promotores de las “noticias falsas”. Estas afirmaciones no evidencian un simple descontento con algún enfoque periodístico o editorial, pone en evidencia su rechazo a la verdad como valor en una sociedad democrática. Durante su campaña de reelección, Trump demandó a los diarios The New York Times, The Washington Post y a la cadena televisiva CNN por supuesta difamación ante las opiniones expresadas por sus columnistas y colaboradores. De igual manera, buscó limitar el acceso a medios de comunicación que buscaban cuestionarlo o incomodarlo en sus conferencias de prensa en la Casa Blanca. Trump hace patente su visión de considerar a los votantes como “consumidores” y no como ciudadanos sujetos de derechos políticos. El 4 de diciembre de 1794, James Madison en una carta dirigida a James Monroe, aseveraba que “en una república, la luz prevalecerá sobre la oscuridad, la verdad sobre el error”. La política del espectáculo no nació con Trump, pero tampoco morirá con él. Emerson Segura Valencia Actualmente se desempeña como Asesor Parlamentario en el Senado de la República. Anteriormente, fue investigador en el Centro de  Estudios Internacionales Gilberto Bosques del Senado de la República y también fue Asesor de la Comisión de Relaciones Exteriores, Organismos Internacionales del mismo Senado. Se desempeñó como investigador en el  CII del Instituto Matías Romero de la SRE.  Es egresado de la Licenciatura en Relaciones Internacionales por la UDLA y cuenta con estudios en Análisis Político por el CIDE.

Globalitika ©2021