Chile y el mal menor

Colaboración publicada originalmente en El Economista. El resultado de la primera vuelta electoral en Chile parece confirmar la culminación de la paulatina evaporación del oasis político y económico que ostentó durante las últimas tres décadas. Si bien una serie de eventos tales como el movimiento de protesta de 2019, los escándalos de corrupción en torno a la administración del presidente Piñera y la creciente desigualdad ya habían significado un importante desgaste, estos primeros resultados hablan de un vaticinado pero significativo presagio: el quiebre del statu quo político chileno. Toda ruptura viene acompañada de un periodo de inminente cambio e incertidumbre. No es gratuito que esta coyuntura haya llevado al puntero a dos candidatos en polos opuestos del espectro político. Los resultados de la elección de la Asamblea Constituyente que se encuentra redactando la Carta Magna que regirá al país ya anticipaban una consistente predilección por candidaturas independientes y fuera del establishment. Las coaliciones de centro-izquierda y centro-derecha que caracterizaron el sistema de partidos tras el periodo de transición democrática perdieron la confianza del electorado, y con ello, la posición de mando. El desenlace electoral dependerá en gran medida de cómo adapten sus mensajes ambos contendientes en las semanas venideras. Tanto el candidato de extrema derecha José Antonio Kast, como el social demócrata Gabriel Boric deberán capitalizar a aquellos votantes en el centro del espectro. Resulta complejo pensar en la consolidación de este balance moderado ante los mensajes antagónicos que han caracterizado sus campañas. Es innegable que tanto el mensaje de ley y orden de Kast como la promesa de igualdad social y redistribución de la riqueza de Boric son efectivos en cuanto apelan a los sentimientos y esperanzas de sus respectivas bases electorales. Sin embargo, los problemas presentes tales como los estragos socio-económicos de la pandemia, el estado de emergencia derivado de choques con la comunidad Mapuche y la crisis migratoria ameritan una agenda más allá de posturas blanco y negro. Independientemente del resultado, existen por lo menos dos retos venideros en términos de gobernabilidad. Por un lado, de ser aprobada la nueva constitución en el plebiscito que tendrá lugar el año próximo, el candidato que resulte ganador tendrá que adaptar su administración a un orden institucional completamente distinto, ya que se plantean reformas en la totalidad del sistema político, legislativo y judicial. Pese a que hasta el momento no se ha contemplado, las nuevas reglas del juego podrían incluso hacer un llamado a nuevas elecciones en este esfuerzo de transitar de un sistema fuertemente presidencialista hacia uno parlamentario. Por otro lado, pese haber logrado su principal objetivo, la llama que encendió las protestas masivas hace 2 años sigue viva. Evitar plasmar todas las demandas de distintos sectores en la ley, podría revivir episodios similares en el corto plazo. Ante esta compleja situación, mucho se ha hablado sobre la polarización en esta coyuntura. Sin embargo, la evidencia apunta hacia una problemática menos simplista y más alarmante. Si bien en el campo político se percibe un clima extremo y agitado, sería aventurado hablar de una sociedad polarizada. Por una parte, el 53% de abstención muestra una fé de desinterés y desencanto. Asimismo, tanto el inesperado puntaje que logró el candidato anti-sistema Francisco Parisi como la amplia fragmentación del próximo congreso refleja las múltiples demandas que movilizan al electorado. El fenómeno del mal menor parece caracterizar a una gran parte del continente latinoamericano y esta no ha sido la excepción. En una región con desafíos apremiantes, las voces chilenas claman por un mayor pragmatismo y una menor retórica vacía. Raquel López-Portillo Maltos Es Licenciada en Derechos Humanos y Gestión de Paz por la Universidad del Claustro de Sor Juana y especialista en Análisis Político, Democracia y Elecciones por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE). Se ha desarrollado en los sectores público, privado y de la sociedad civil en temas de seguridad, derechos humanos, igualdad de género y educación. Actualmente se desempeña como analista estratégica regional en temas relacionados con América Latina. Es Asociada del Consejo Mexicano de Asuntos Internacionales (COMEXI).

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