Debatiendo el caos

En las democracias consolidadas los debates electorales son relevantes y, en momentos críticos, hasta decisivos. Luego del primer debate presidencial de ayer, y de muchos otros fenómenos directamente asociados a la administración de Donald Trump, la pregunta de si Estados Unidos es una democracia consolidada, por primera vez en décadas, es pertinente. Aprovechando una notoria incapacidad de su oponente para cambiar el tono y la atmósfera del debate, Trump sembró el caos en el que habitualmente se encuentra más cómodo. Para todos quienes vemos con asombro la creciente polarización de la sociedad estadounidense, fue evidente que el desorden y la anarquía del debate podrían perfectamente ser el prefacio de una elección que quizá no termine el 3 de noviembre y que eventualmente emularía la vehemente combinación de deterioro, desconexión con la realidad y desconcierto que dejó el forcejeo televisivo del martes. Ambos candidatos, en cierta medida, decepcionaron y la sensación de desastre e insatisfacción alcanzó a ambos. El resultado de Trump acorralado y Biden dislocado no fue edificante. CBS reporta que 61% de sus encuestados anoche se sintieron irritados, 31% entretenidos y 19% pesimistas. Trump demostró que se sabe perdedor y de ahí su estrategia atrabiliaria y agresiva que le resultó tan contraproducente. El juicio es tan severo que la propia Fox News lo declaró perdedor. Biden pudo haber hecho un buen papel al encarnar al personaje por el que se decantarían millones de estadounidenses, entre ellos buena parte de los votantes de Trump en 2016: el adulto en la habitación, con una experiencia de medio siglo y resultados probados, moderado e ilustrado, que se aleja de radicalismos y ocupa con decisión el centro político. Sin embargo, no tuvo un desempeño brillante y mucho se le puede reprochar. Le costó trabajo comunicar su oferta y no siempre aprovechó las oportunidades para golpear a su oponente. Más aún, su humor y parsimonia, contribuyeron a convalidar un estado general de cosas más bien tolerable. ¿Cómo fijar en la mente de millones de estadounidenses la seriedad del momento, la dimensión trágica de la pandemia, la trascendencia histórica de la elección, la hondura de lo que está en juego para el futuro de la potencia norteamericana y su liderazgo global? ¿Cómo hacerlo, además, con un moderador incapaz de moderar (sic) las constantes interrupciones, el torrente hiperbólico del republicano y las descalificaciones ad hominem? Un Biden apacible y un Trump desaforado comportan peligros vitales para la democracia estadounidense. Que Biden gane por un margen estrecho y sin obtener la mayoría en el Senado sería una pésima noticia dada la trampa bananera del fraude que el presidente actual, si lo necesita, parece tener toda la disposición de montar. El debate careció de toda sustancia pero no de consecuencias. Tomará tiempo comprenderlas. De entrada, ya hay un consenso importante. Muy difícilmente los dos que siguen serán peores que éste. Peores para el decoro, la tolerancia y la política. Arturo Magaña Duplancher Asesor, consultor e investigador especializado en asuntos internacionales y legislativos. Se desempeñó profesionalmente en ambas Cámaras del Congreso de la Unión como Coordinador de Asesores, Jefe de Investigación y Análisis, Investigador, Analista y Secretario Técnico de Comisiones Legislativas. Seleccionado para ser Policy Fellow de la School of Transnational Governance del Instituto Universitario Europeo, Investigador visitante en la Nettie Lee Benson Collection de la Universidad de Texas, Austin, y Premio Genaro Estrada 2007 de la Secretaría de Relaciones Exteriores a la mejor tesis en historia de las relaciones internacionales de México. Ha sido profesor de asignatura en universidades de prestigio en México y prestador de prácticas profesionales en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Es licenciado en Relaciones Internacionales (El Colegio de México) y maestro en Relaciones Internacionales y Diplomacia (Universidad de Leiden, Países Bajos). Es miembro fundador de Globalitika.

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