La entrevista

Colaboración publicada originalmente en El Economista. La tragedia es monumental. La mayor parte de sus habitantes no han muerto en el campo de batalla sino en torturas. Los niños mueren congelados escondidos en sótanos y los ancianos no tienen que comer. “La verdadera victoria para Ucrania llegará sólo cuando los invasores sean juzgados, declarados culpables y sentenciados”. Así lo admite su presidente Volodímir Zelensky, en una reciente y reveladora entrevista a la legendaria publicación bostoniana -fundada en la primavera de 1857- The Atlantic, realizada por la reconocida periodista Anne Applebaum y el editor en jefe Jeffrey Goldberg. La entrevista se desarrolla en el contexto de una tensa calma en tierra arrasada. Los ataques han escalado en la zona este del territorio. El presidente está visiblemente cansado y se le percibe tranquilo, pero no puede ocultar una profunda preocupación. “Todavía no es el tiempo de la victoria y tenemos una ventana de oportunidad muy pequeña”, responde sobre la perspectiva de paz en el futuro próximo. De acuerdo con los periodistas, el edificio en Kiev donde se llevó a cabo la plática estaba prácticamente a oscuras. Fue en la tarde-noche y los soldados los condujeron con linternas a una habitación cerrada y secreta. El escudo nacional de Ucrania a espaldas del mandatario y las banderas del país son el único ornamento. En la mesa tres teléfonos y dos libros. Zelensky transmite confianza y calidez. “Es una especie de anti-Putin, un hombre común que carece de la solemnidad propia de los líderes en esa parte del mundo” advierten los cronistas. Es un presidente judío en una nación mayoritariamente católica. “Tenemos a dirigentes faraones en países vecinos” (es probable que se refiera a Alexander Lukashenko, el presidente biolurruso, a quien los ucranianos ven como faraón adjunto de Putin). “No entiendo como la Federación Rusa con la comunidad ortodoxa más grande del mundo esté matando gente en estos días santos, es paradójico”, y reflexiona si aún estamos en tiempos en los que sea posible asociar religión y moral. El líder explica que su relación con Rusia se interrumpió en 2014 y los canales de diálogo político se endurecieron de un día a otro. Por su parte, “los medios de comunicación independientes están totalmente controlados y se manipula de tal manera la información que en Rusia reseñan que aquí tenemos armas biológicas, palomas asesinas -supuestamente atacando aviones rusos- y que nos comemos a la gente”, subraya. “Resulta fundamental romper la barrera de información rusa y que además admitan su culpa, así funcionó en Alemania después de la última Guerra Mundial”. Comparte que líderes mundiales le hablan para deliberar sobre el armamento requerido. Cada día Ucrania requiere de 200 a 300 vehículos blindados y Washington ha sido su principal abastecedor de armas. A lo largo de la entrevista muestra sus dotes para la espontaneidad, la ironía y el sarcasmo. “Creo que cualquier persona no podría vivir en la inexplicable adversidad y ante una presión brutal sin el antídoto del humor”. “Putin le teme al humor porque éste delata las verdades más profundas”, apunta. El presidente está decidido a mostrar una imagen de una Ucrania moderna y liberal. Sostiene que “Estados Unidos, Gran Bretaña y los países de la Unión Europea siempre han sido escépticos de nuestro desarrollo, de nuestra europeidad, pero ahora nos ven como iguales”. Respecto al papel de Naciones Unidas en la defensa de Ucrania -uno de sus Estados Miembro- es escéptico y hace una mueca tragicómica a sus invitados de The Atlantic. “Debiera existir una lista de violaciones de derechos humanos o crímenes de guerra que desencadenen respuestas automáticas”, añade. “Lo mejor que hizo Winston Churchill para ganar la guerra fue hablar de ella”, declaró en alguna ocasión Clement Attle, primer ministro británico. Volodímir Zelensky ha hecho uso de la efectiva arma del mensaje oportuno y de su capacidad comunicadora. También el humor le ha sido útil al inesperado héroe de la resistencia ucraniana, ese “cuya dosis mide la potencia intelectual de un hombre ante la fatalidad”, diría Nietzsche. Alejandro Guerrero Monroy Director del Voto de los Mexicanos Residentes en el Extranjero del Instituto Nacional Electoral. Fue Asesor de la Presidencia de la Comisión del Voto en el Extranjero y de la Presidencia de la Comisión del Registro Federal de Electores al interior del Consejo General del INE y también Asesor de Consejero Electoral del IFE para el Sufragio Extraterritorial. Previamente fue Coordinador del Centro para la Responsabilidad y Sustentabilidad Empresarial de la Universidad Anáhuac y fungió como Secretario Técnico en la Dirección Corporativa de Administración de Petróleos Mexicanos. En el ámbito docente, imparte las asignaturas Mercadotecnia Política, Gobierno Corporativo y Gestión Directiva de la Responsabilidad Social en la Universidad Anáhuac, donde ha recibido en cinco ocasiones el reconocimiento Excelencia Docente. Es colaborador en medios de comunicación como Excélsior, El Universal, Reforma, ADN Político, CNN y la Revista Pluralidad y Consenso del Instituto Belisario Domínguez del Senado de la República.

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