• María Cristina Rosas

Armas nucleares: el principio del fin

Hace 75 años el mundo conoció, por primera vez, las devastadoras consecuencias de las armas nucleares. Estados Unidos, decidido a poner fin a la segunda guerra mundial dispuso su empleo contra Japón, a la sazón, miembro del Eje Berlín-Roma-Tokio. Así, el 6 de agosto la primera bomba atómica fue arrojada sobre la ciudad de Hiroshima, en tanto el 9 de agosto se repitió el ataque en Nagasaki. Se estima que en Hiroshima murieron entre 50 mil y 100 mil personas ese día. En el caso de Nagasaki, por su topografía, el daño estuvo más focalizado, pero aun así perecieron entre 29 mil y 49 mil personas el día de la explosión. A la fecha existen discrepancias sobre las cifras de defunciones pero quienes sobrevivieron y estuvieron expuestos a la radiación, conocidos como hibakusha, padecieron desde quemaduras hasta pérdida de cabello, cataratas, leucemia, diversos tipos de cáncer y efectos psicológicos por la vivencia y también por la estigmatización social, lo que pervive al día de hoy. La novela de Masuji Ibuse, Lluvia negra (Kuroi Ame) llevada al cine en 1989 por el realizador Shohei Imamura, recrea los efectos de la bomba lanzada sobre Hiroshima en los lugareños y cuenta la historia de Yasuko (Yoshiko Tanaka), una mujer cuyos tíos le buscan esposo. Ella, al igual que muchas personas, estuvo expuesta a la “lluvia negra”, esto es, la radiación generada por la bomba. Ysauko fue rechazada tres veces como posible esposa por temor a que esté enferma o pudiera transmitir algún mal a su cónyuge o descendencia. Aunque la realidad, es sabido, supera a la ficción.



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