ANÁLISIS E INVESTIGACIÓN

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La Alianza del Pacífico a 10 años: logros y retos a futuro

La Alianza del Pacífico a 10 años: logros y retos a futuro

Colaboración publicada originalmente en El Economista. El pasado 28 de abril de 2021 se cumplieron diez años de la firma de la Declaración de Lima, con la cual México, Chile, Colombia y Perú convinieron “establecer la Alianza del Pacífico para la conformación de un área de integración profunda” en América Latina. Tras diez años, el peso de la AP continúa siendo significativo en términos regionales, pues representa el 41% del PIB y atrae el 38% de la inversión extranjera directa de toda América Latina y el Caribe. También lo es en términos globales, ya que la AP constituye la octava potencia económica y octava potencia exportadora a nivel mundial. No obstante, a pesar de logros importantes, la AP enfrenta retos para afianzarse en el futuro. A diferencia de otros mecanismos de integración en la región, como el Mercosur, la AP ha optado por un esquema de regionalismo abierto con miras en impulsar políticas para aumentar la competitividad económica. Este tipo de regionalismo favorece una economía internacional más abierta, por lo que los miembros de la AP han unido esfuerzos en un intento por alcanzar la libre movilidad de bienes, capitales, servicios y personas. En este sentido, la AP ha logrado avances importantes. Algunos ejemplos son la desgravación de más del 90% de los productos que se comercializan entre los cuatro países; la integración de las cuatro bolsas de valores a través del Mercado Integrado Latinoamericano; la creación de un Consejo Empresarial de la Alianza del Pacífico; y la implementación de una plataforma de movilidad estudiantil. Más allá de lo económico, la cooperación en el marco de la AP se ha extendido para incluir temas como la igualdad de género o la gestión de residuos plásticos en la cuenca del Pacífico. Otro aspecto destacable de la AP ha sido el gran interés internacional que ha despertado. Actualmente, 59 países cuentan con estatus de estado observador, dentro de los que se encuentran países de peso importante, como China, India, Alemania, Reino Unido, entre otros. También, existe la figura de los estados asociados, que tiene como objetivo establecer acuerdos comerciales con la AP para facilitar el intercambio. En 2021, se anunció que Singapur será el primer estado asociado pleno en la AP, un país asiático que es hoy la economía más competitiva según el Foro Económico Mundial. Australia, Nueva Zelandia, Canadá y Corea del Sur se encuentran dentro de la lista de candidatos a estado asociado. Por lo anterior, en poco tiempo, la AP ha conseguido victorias importantes en cuanto a su estrategia de vinculación con el Asia-Pacífico y más allá. No obstante, aún con estas victorias, no todo es miel sobre hojuelas para la AP. Como cualquier iniciativa de integración regional, enfrenta distintos retos para lograr afianzarse. Primero, la poca institucionalidad de la AP, a falta de un secretariado permanente, ocasiona que sea excesivamente dependiente de los protagonismos presidenciales para avanzar las agendas compartidas. Segundo, a pesar de contar con acuerdos comerciales de gran alcance y de la liberalización progresiva entre sus miembros, el intercambio comercial intra AP sigue siendo sumamente bajo. Por último, la AP no ha sido capaz de ampliar su tamaño, al no incorporar nuevos miembros plenos en la región a pesar de que países como Ecuador, Panamá o Costa Rica han mostrado un gran interés en adherirse. En suma, los países de la AP deberán comprometerse más si su objetivo sigue siendo lograr esa “integración profunda” a la que aspiraban en la Declaración de Lima hace diez años. Esto será importante para establecerse como un faro del liberalismo en la región, ante las crecientes olas de proteccionismo que se viven en distintos países. Patricio Garza Girón Es Gerente de Proyectos de la Konrad-Adenauer-Stiftung (KAS), México. Fue Investigador Asistente en la División de Estudios Internacionales del CIDE (2017-2019) y es experto en temas de política internacional. Es licenciado en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el CIDE.

¿Estados Unidos ha vuelto?, pero si nunca se fue

¿Estados Unidos ha vuelto?, pero si nunca se fue

El 4 de febrero, el presidente Joe Biden visitó el Departamento de Estado y habló frente al cuerpo diplomático que ahí se encontraba sobre las directrices en política exterior que se seguirán durante su mandato. En su discurso fue enfático en que Estados Unidos y la diplomacia han vuelto. Pero, ¿qué significa que Estados Unidos esté regresando? De entrada, al ser una afirmación ambigua se presta para varias interpretaciones, pero no se puede afirmar que la influencia de Estados Unidos haya desaparecido, ni siquiera cuando el expresidente Trump retiró a su país de tratados y organismos multilaterales, como el Acuerdo de París o de la Organización Mundial de la Salud. Tampoco podemos considerar que las políticas internacionales de las administraciones precursoras de la era Trump fueron del todo relegadas, pues Estados Unidos continuó con su presencia en el Medio Oriente, no abandonó a sus principales socios comerciales y aunque en el plano multilateral cerró el dialogo, a nivel bilateral lo mantuvo tanto con viejos, como con nuevos aliados. Dicho lo anterior, podemos decir que el presidente Joe Biden en realidad se refería a una nueva doctrina, que como todas las anteriores se ajusta a la coyuntura internacional, y como él mencionó, responde a problemas urgentes como el control de la pandemia por el virus SARS-CoV-2, la no proliferación de armas nucleares y la atención que requiere la crisis climática. Aunque esos tres temas parecen que serán la prioridad en política exterior durante su gestión, no fueron los únicos tópicos abordados durante su visita al Departamento de Estado, pues también aseguró que Estados Unidos retirará a sus tropas de las operaciones ofensivas de Arabia Saudita en Yemen, lo que también implica congelar la redistribución de sus tropas desde Alemania, de modo que pareciera que seguirá la línea de su predecesor respecto a las decisiones que implican la búsqueda de la paz en Medio Oriente. Por otro lado, el presidente Biden señaló que mantendría el contacto con sus aliados para abordar el tema del golpe militar que se suscitó en Myanmar el 1 de febrero de este año, pues considera que “la fuerza no debe usarse para revertir a la democracia”, y dejó clara su desaprobación al encarcelamiento del político opositor ruso, Alexei Navalny. En ese sentido podemos ver que el discurso del presidente estadounidense no es del todo conciliatorio y que algunos temas seguirán siendo tan escabrosos como lo fueron en administraciones pasadas. Finalmente, en el discurso no faltaron las referencias a la protección de los derechos humanos y la divulgación de los valores estadounidenses sobre el mundo, por lo que aquí sí se puede distinguir un discurso más mesurado y tolerante en comparación del que solía difundir Trump. En todo caso, más impactante fue su anuncio de que durante el primer año fiscal, Estados Unidos incrementará el número máximo de refugiados que se podrían ingresar al país a 125,000 solicitantes de refugio, una cifra superior a la que fijó Trump durante su mandato de solo 15,000. Además, el 6 de febrero, el Gobierno federal anunció la suspención de los acuerdos de tercer país seguro con Guatemala, El Salvador y Honduras, que el gobierno de Trump impuso a estos países para frenar el flujo de refugiados centroamericanos hacia Estados Unidos. Así que, volviendo a la pregunta inicial, ¿Estados Unidos ha vuelto? Lo cierto es que nunca se fue, pues su espectro continuó influyendo en la política internacional, sin embargo es cierto que el discurso tomó otro rumbo durante la era Trump, pero con la llegada de Biden podríamos asegurar que Estados Unidos volvió a una política que antepone la razón sobre los impulsos y que buscará hacerse del espacio líder con el que se le suele vincular en el entorno multilateral. Carles Marc Cosialls Estudió Derecho en la Universidad Autónoma de Barcelona y estudió una maestría en Cultura de Paz en la misma universidad. Actualmente labora en el Institut del Teatre

¿Habrá tormenta después de esta calma?

¿Habrá tormenta después de esta calma?

Colaboración publicada originalmente en El Economista. Hasta el momento, la relación entre AMLO y Biden ha sido cordial. Sus encuentros han sido esporádicos y han generado poco revuelo, pero anuncian la tensión que inevitablemente tendrá que surgir. Joe Biden es un funcionario público con gran experiencia en el manejo de las relaciones internacionales de Estados Unidos, y claramente ha buscado iniciar acercamientos amables con Andrés Manuel López Obrador. Nuestro presidente, por el contrario, carece de experiencia en el frente internacional. En su primera reunión con Biden, sin necesidad alguna referenció la célebre frase de “pobre México, tan lejos de Dios y tan cerca de los Estados Unidos”; en otra, forzó una mención a su programa “Sembrando Vida” enfocado a temas migratorios en un foro creado para hablar sobre una prioridad para Biden: los retos que presenta el cambio climático y compromisos específicos que debe adoptar la comunidad internacional. Para López Obrador, este tema se encuentra muy abajo en su lista de prioridades, si es que está en ella del todo. El contexto ha ayudado a reducir la tensión en la relación, pues ambos presidentes están poniendo toda su atención a sus prioridades de política interior. Biden está enfocado en la reactivación económica y la estrategia nacional de vacunación necesaria para superar la pandemia. Las prioridades del Presidente Mexicano se centran en tener un resultado electoral favorable en 2021, mantener la ruta de centralización y desinstitucionalización, y la adopción de una agenda nacionalista en varios frentes económicos. Para Biden, enfocarse en esos temas cumple tres propósitos. El primero es reconstruir la economía de los Estados Unidos; el segundo es mostrar el liderazgo y la capacidad institucional del gobierno americano para diferenciar su administración de la anterior; y el tercero, demostrar al mundo que su Gobierno está dispuesto a reclamar el liderazgo que Estados Unidos había tenido en el panorama internacional durante las últimas décadas, un espacio que Donald Trump dejó vacío dando oportunidad a Rusia y otros gobiernos de tinte autocrático para posicionar mensajes que debilitan la visión democrática occidental. López Obrador se benefició de la indiferencia de Trump para avanzar en su agenda prioritaria. El hecho de que para Trump los alcances de su política internacional con México terminaran en su infame muro, permitió que la cuarta transformación implementara cambios profundos y mostrara inclinaciones autocráticas que habrían levantado cejas en cualquier otra administración americana. El desencuentro por el caso Cienfuegos, es tan solo uno de los episodios en los que el Gobierno mexicano ha estirado la liga de la colaboración, pues ha habido más acciones que han tensado la relación también en el frente económico. La interpretación a modo del TMEC en materia energética, así como el establecimiento de cuotas de contenido nacional en cines y plataformas digitales que claramente benefician a un solo jugador y atentan contra criterios de competencia internacional seguramente no están siendo tomadas a la ligera por nuestro vecino del norte. Si a esto sumamos la creación del Padrón de Usuarios de Telefonía Móvil que tiene un gran potencial de ser una peligrosa herramienta de control político y social, es de esperarse que pronto existan cuestionamientos por parte de nuestro vecino frente a la agenda de valores democráticos occidentales que está al centro de la construcción del sistema político y económico de Estados Unidos, y que hoy más que nunca tienen que retomar para enfrentar a otros poderes que buscan dictar su propia agenda internacional. Abigail Martínez Es licenciada en Ciencia Política y Relaciones Internacionales por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE) y Maestra en Políticas Públicas por Macquarie University. Se especializa en análisis político, vinculación y comunicación estratégica. Conduce el programa “Política 101 en Inkoo y colabora quincenalmente en el portal gluc.mx.

Predisposición autoritaria

Predisposición autoritaria

Colaboración publicada originalmente en El Economista. De acuerdo con la investigación pionera de la economista y politóloga australiana Karen Stenner, alrededor de un tercio de la población de cualquier país del mundo tiene una subrepticia y latente predisposición autoritaria que se manifiesta en contra de la diversidad, la heterogeneidad y el pluralismo y que, en definitiva, no se alínea con definiciones ideológicas pertenecientes a la llamada geometría política. Esos grupos articulan, ante coyunturas políticas específicas, una postura de venganza contra un contexto que, de repente, deciden dejar de tolerar. Los predispuestos no son necesariamente conservadores ni nacionalistas irredentos, no tienen convicciones de izquierda o derecha, no son identificables tampoco por tener en manos un ideario radical ni son producto de realidades objetivas o estructurales como la marginación, la pobreza o los grados educativos inferiores. Son comunidades bien identificadas, si acaso, por su intolerancia a la complejidad -concebida esta como un fenómeno intrínsecamente asociado a la modernidad y a la globalidad- o bien por su profunda inconformidad con los valores, rituales e ideario de las democracias liberales. Pero hay otro rasgo común que resulta tan previsible como inquietante. Según la investigación empírica de Stenner, la percepción generalizada de una constante amenaza sociocultural es el elemento central que los conglomera. Otrora cómodos y conformes con su percepción de orden colectivo del pasado, estos individuos ven con enorme sospecha los súbitos giros de una modernidad compleja que entraña, entre otros elementos, dosis de diversidad, libertad y pluralismo que desafían sus limitaciones cognitivas. En consecuencia, están dispuestos a apoyar liderazgos carismáticos, promover desmantelamientos institucionales y trastrocamientos diversos, aún si no son constitucionales o si amenazan las libertades individuales y los contrapesos republicanos del poder, con tal de hacer algo que calme su desasosiego. El objetivo último: respaldar un proyecto político de unicidad (oneness) y similaridad (sameness) frente a lo que consideran agendas políticas de cambio, apertura y diversidad sin límites. La aversión al cambio se manifiesta en ellos mediante la adhesión a teorías de la conspiración como las del supremacismo blanco y las del “Gran reemplazo”, pero también planteando que un modo tradicional de vida está en peligro y que ese peligro alcanza proporcionales existenciales. Esto no los convierte en seres irracionales o en personas que no merecen ser convencidas de los errores en que incurren. Son individuos que con el paso del tiempo han forjado la profunda convicción de que el interés colectivo estriba en minimizar las diferencias y que consideran que la democracia liberal no ha hecho otra cosa que agrandarlas prácticamente en todos los ámbitos. Indudablemente, el trabajo de Stenner, ofrece una dimensión nueva y ciertamente más fresca a la literatura sobre populismos, nuevos autoritarismos, movimientos radicales, regímenes híbridos y democracias antiliberales. Uno de sus grandes méritos es traer de vuelta al centro de las preocupaciones de la ciencia política contemporánea la observación del comportamiento de los individuos y las claves psicológicas de la acción colectiva. El otro, es recordarnos que hay momentos en la historia especialmente proclives al surgimiento de lo que Adorno llamaba, hace varias décadas, “personalidades antidemocráticas”, tanto en referencia a los líderes políticos como a grandes colectividades de electores o activistas. Hay ya demasiadas evidencias de que estamos viviendo un nuevo periodo propicio para desencadenar estas pulsiones. Lo importante ahora es concentrarse en las soluciones a este inmenso desafío para las democracias. ¿Se puede seguir marginando a ese tercio de la población una vez que su propensión aflora? Muy difícilmente. Pero es claro que podrían intentarse medios para desactivar esa predisposición. La obra de Stenner da pistas de sobra. Antes que promover su defenestración o pensar que las democracias liberales han muerto, conviene leerla con atención. Arturo Magaña Duplancher Asesor, consultor e investigador especializado en asuntos internacionales y legislativos. Se desempeñó profesionalmente en ambas Cámaras del Congreso de la Unión como Coordinador de Asesores, Jefe de Investigación y Análisis, Investigador, Analista y Secretario Técnico de Comisiones Legislativas. Seleccionado para ser Policy Fellow de la School of Transnational Governance del Instituto Universitario Europeo, Investigador visitante en la Nettie Lee Benson Collection de la Universidad de Texas, Austin, y Premio Genaro Estrada 2007 de la Secretaría de Relaciones Exteriores a la mejor tesis en historia de las relaciones internacionales de México. Ha sido profesor de asignatura en universidades de prestigio en México y prestador de prácticas profesionales en la Corte Internacional de Justicia de La Haya. Es licenciado en Relaciones Internacionales (El Colegio de México) y maestro en Relaciones Internacionales y Diplomacia (Universidad de Leiden, Países Bajos). Es miembro fundador de Globalitika.

La Riqueza de las Naciones 2.0

La Riqueza de las Naciones 2.0

Colaboración publicada originalmente en El Economista. Desde hace más de tres siglos, las teorías económicas que han perdurado, sostienen que la riqueza de las naciones se maximiza en la medida en que éstas se abran al mundo. Y resulta un tanto irónico retomar dicho axioma liberal en este momento, cuando la mayoría de los países se ha visto en la necesidad imperiosa de cerrar sus fronteras en nombre de la salud pública global. Sin embargo, la tesis de Adam Smith con todo y confinamiento, no solamente sigue vigente, sino que ha logrado adquirir un nuevo matiz a raíz de la globalización. El intercambio internacional de ideas, servicios y demás intangibles, ha sido uno de los grandes motores que ha permitido paliar la crisis ocasionada por la pandemia de Covid19. El mundo de las ideas y su relación con el desarrollo ha sido objeto de amplio estudio por varios economistas, siendo quizá el más destacado Paul Romer. Entre sus mayores aportaciones, se encuentra otorgar una nueva importancia a las ideas y la investigación científica, como elementos centrales para generar productividad y crecimiento en una sociedad. Su tesis marcó un parteaguas en la disciplina, porque por primera ocasión, se logró construir un modelo macroeconómico donde el crecimiento sostenido y a largo plazo, es impulsado no solo por los recursos materiales o naturales (como los combustibles fósiles), sino también por la creación y generación de tecnología a través de mujeres y hombres de ciencia. Bajo esta tesis, que hizo merecedor a Romer del Premio nobel de economía en 2018, las ideas son concebidas como todo aquel conocimiento que nos permite crear un bien, o realizar una actividad por medio de una instrucción. Son ejemplos de ello, el código necesario para crear un software, las indicaciones para ensamblar un motor o incluso el conocimiento requerido para diseñar una vacuna. A diferencia de los objetos, las ideas y su acumulación puede llegar a ser infinita sin enfrentar los detrimentos que sufren los bienes de capital, como la depreciación, que puede volverlos súbitamente obsoletos. Desde luego, las ideas también poseen sus propias limitaciones, como su restricción a través de patentes y leyes de propiedad intelectual. Sin embargo, ello no contraviene a esta tesis, pues es la búsqueda constante de nuevas ideas y los rendimientos que generan, lo que propulsa el crecimiento y la generación de riqueza. En tan solo un año se han generado miles de artículos científicos, muchos de ellos en libre circulación, relacionados con la pandemia por coronavirus. Ello ha permitido, entre otras cuestiones, contar con una vacuna en tiempo récord y poder reactivar la economía durante la crisis. Este momento histórico de cooperación científica internacional debe ser visto como una lección y oportunidad en México para replantearnos la importancia que le conferimos a la investigación, dentro ese gran constructo, al que usualmente nos referimos como interés nacional. Sobre este punto, no debe caber ninguna duda: el crecimiento de una sociedad y su desarrollo está asociado con los recursos destinados a la ciencia. En el caso mexicano, históricamente no se le ha conferido más allá del 0.5% del PIB. Invertir en ciencia, generación de conocimiento y desarrollo tecnológico debiera ser la gran apuesta de México. Por ello, es necesario fomentar estudios en diversas disciplinas, a nivel nacional e internacional, tanto en ciencias médicas como exactas, y desde luego en ciencias sociales. Y es que la recuperación post-pandemia debe darse en el ámbito de la salud, pero también en materia educativa, económica y en prácticamente todos los ámbitos. La libertad y la movilidad de las ideas, a través del aprovechamiento de la capacidad científica y tecnológica de mujeres y hombres, debe ser el paradigma bajo el cual, apuntalemos el desarrollo. Renata Zilli Montero Es licenciada en Relaciones Internacionales por el Tecnológico de Monterrey, maestra en Relaciones Internacionales y Comercio Internacional por la Universidad Macquarie, Australia, y candidata a maestra en Economía Internacional por la Universidad Johns Hopkins School of Advanced International Studies (SAIS). Ha sido catedrática en la Universidad Anáhuac y en el Tecnológico de Monterrey, donde se desempeñó como Directora de la Carrera en Relaciones Internacionales en su Campus Puebla. Es socia fundadora de TradeTankMX, un think tank mexicano especializado en el estudio del comercio internacional. Actualmente, es receptora de la beca Andreas T. Baum y estudia el segundo año de la maestría en Economía Internacional y estudios de América Latina, en la universidad Johns Hopkins Paul H. Nitze School of Advanced International Studies (SAIS), Washington D.C.

Programa Bracero: una perspectiva desde la protección y asistencia consular mexicana

Programa Bracero: una perspectiva desde la protección y asistencia consular mexicana

Belén Elizabeth Licona Romero Edward Alexander Jiménez Pérez El objetivo de esta investigación es presentar un análisis histórico del Programa Bracero adoptado entre México y Estados Unidos, así como ofrecer una perspectiva de como la red consular mexicana en ese país implementó acciones de protección y asistencia que son el fundamento para el actuar de hoy en día de la diplomacia consular mexicana, la cual se ha posicionado como un referente, particularmente en Latinoamérica. Consulta el artículo en PDF aquí.

A 60 años de la hazaña de Yuri Gagarin: la nueva carrera espacial, retos y oportunidades

A 60 años de la hazaña de Yuri Gagarin: la nueva carrera espacial, retos y oportunidades

El 12 de junio de 1961, el piloto soviético Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en viajar al espacio ultraterrestre. Eran los tiempos de la guerra fría y de una rivalidad estratégica, política, económica e ideológica de grandes vuelos entre Estados Unidos y la Unión Soviética, en que el acceso al espacio ultraterrestre estaba reservado a los Estados tecnológicamente más avanzados y poderosos. 60 años después, la renovada carrera espacial es cualitativa -y cuantitativamente- distinta: cierto, los Estados siguen siendo actores destacados, pero el acceso al espacio ultraterrestre se ha democratizado -o, al menos, hay más actores que pueden incursionar en él- y confluyen intereses de corporaciones privadas, de particulares, de súper millonarios, amén de los de carácter militar y delincuencial y todos ellos comprometen la sustentabilidad del espacio ultraterrestre, lo que podría tener serias consecuencias para la seguridad internacional dada la divergencia de intereses que cada uno de estos actores persigue. Consulta el artículo en PDF aquí.

¿El futuro del orden liberal internacional?

¿El futuro del orden liberal internacional?

Colaboración publicada originalmente en El Economista. “Estados Unidos está de regreso.” Con esta frase, el presidente norteamericano Joe Biden ha sintetizado en diversos foros internacionales el aspecto internacional de su programa de gobierno: la recuperación del liderazgo global de Estados Unidos, erosionado notablemente por los cuatro años de gobierno de su antecesor, Donald Trump. Pero ¿qué podría implicar este regreso? Entre otras cosas, el retorno de Estados Unidos a la cooperación internacional multilateral, así como la reanudación de su compromiso con alianzas estratégicas históricas, como su alianza trasatlántica con la Unión Europea y el Reino Unido. En términos más generales, este “regreso” de Estados Unidos al escenario global tiene de fondo una restauración de ese conjunto de principios e instituciones que, desde finales de la Segunda guerra mundial, se ha conocido como el orden liberal internacional. Organizaciones multilaterales como la ONU y alianzas militares como la OTAN, lo mismo que principios como la resolución pacífica de controversias y la cooperación internacional han formado por décadas el núcleo de este orden. Creado bajo la égida de Estados Unidos, que emergió como superpotencia tras su triunfo en la guerra, este orden se vio durante el gobierno de Trump atacado por la misma nación que lo concibió y promovió. El anterior presidente norteamericano erosionó, abandonó o destruyó muchos de los pilares de este orden de diversas maneras: substrayendo a Estados Unidos de convenios y organizaciones multilaterales como la OMS o el Acuerdo de París para combatir el cambio climático, renegando de los compromisos implicados en sus alianzas, o acercándose a Estados que han quebrado puntos centrales del orden liberal, como la Rusia de Vladimir Putin. Biden se ha propuesto restaurar muchos de estos cimientos deteriorados por su predecesor. Hasta ahora, entre otras acciones, Biden ha devuelto a Estados Unidos al Acuerdo de París y ha tomado pasos para el restablecimiento del acuerdo nuclear con Irán, también abandonado por Trump. Pero, a pesar del cambio radical en el discurso, y de los hechos concretos que lo han respaldado, existen interrogantes significativas sobre la posibilidad de éxito de este proyecto de restauración. En primer lugar, está la persistente desconfianza que los propios aliados de Estados Unidos albergan hacia esta nación. Existen dudas sobre si este renovado compromiso durará realmente, o si será interrumpido por un nuevo triunfo del trumpismo (o posturas análogas) en futuras elecciones. Signos concretos de esta desconfianza son el nuevo acuerdo comercial de la Unión Europea con China, así como la aparición del concepto de “autonomía estratégica” en boca de líderes europeos como Emmanuel Macron—una idea que apunta a la necesidad de una estrategia de seguridad propia para Europa, independiente de los vaivenes norteamericanos. Una segunda área que pone límites a la idea de una restauración del orden liberal es el acelerado ascenso de China como potencia global. Durante los años del gobierno de Trump, China comenzó a ocupar los vacíos de liderazgo dejados por el aislacionismo, el desinterés o la desidia de Estados Unidos. Más aún, consolidó la creación de alianzas estratégicas (por ejemplo, con Rusia) y de instituciones de cooperación internacional paralelas. China se acerca a la meta de presentarse como una alternativa al modelo político, económico e internacional representado por Estados Unidos. En buena medida, el futuro del orden liberal internacional dependerá, entonces, de la evolución durante los siguientes años de esas dos variables: la capacidad de Estados Unidos de restablecer la confianza de sus antiguos aliados, así como de instituir formas de colaboración con el nuevo liderazgo chino en la producción de “bienes públicos” como la paz y la salud mundiales. Y es que, a pesar de sus problemas y contradicciones, una cierta versión del orden liberal, basado en la cooperación y el multilateralismo, resulta indispensable, sobre todo frente a problemas urgentes como la regulación tecnológica y el cambio climático que son, por su propia naturaleza, transnacionales. Humberto Beck Profesor investigador del Centro de Estudios Internacionales de El Colegio de México. Es autor de Otra modernidad es posible: el pensamiento de Iván Illich y co-editor de El futuro es hoy: ideas radicales para México. Su libro más reciente es The Moment of Rupture: Historical Consciousness in Interwar German Thought. Es licenciado en relaciones internacionales por El Colegio de México y doctor en historia por la Universidad de Princeton. Ha sido también investigador posdoctoral en la Universidad de Boston.

“De Hollywood a Bollywood”; la estrategia del conflicto

“De Hollywood a Bollywood”; la estrategia del conflicto

Colaboración publicada originalmente en El Economista. La visita a India de Lloyd J. Austin III, Secretario de Defensa de los EEUU, ratifica la voluntad de cooperación en materia de seguridad y recalca una mirada compartida sobre el significado de la estabilidad en la región Indo-Pacífica. Llamó la atención la simultaneidad del encuentro en Nueva Delhi con el inicio de las conversaciones con China en Alaska. Parecía que la mesa de negociación necesitase para su éxito del mantenimiento de una amenaza. El hilo rojo que conecta los intereses de las dos democracias más grandes del mundo no es la industria del entretenimiento, sino una estrategia del conflicto basada en un poderoso interés común. Durante la última década hemos observado el creciente deseo de Washington por mostrar su capacidad de disuasión y de asociación militar en Asia. El enfoque planteado descansa en el lenguaje de la interoperabilidad y en la promoción de acuerdos en defensa como activo diplomático. Mientras China elevaba el comercio internacional con sus vecinos, EEUU mejoraba su capacidad de intimidación en la zona en disputa, aunque ciertas decisiones resultasen contradictorias (por ejemplo, el rechazo de Donald Trump a la realización de maniobras conjuntas con Corea del Sur y su negativa al uso de los B-52 con base en Guam -referencia extraída de las memorias de John Bolton, exconsejero de Seguridad Nacional de los EEUU-). Civilizaciones diferentes encontraban formas de cooperación sin necesidad de compartir lineamientos culturales, si bien partían de la insistencia en el valor de la democracia. El actual rol de India, o de los otros miembros del llamado quad, parece prefigurado en unas palabras de Samuel P. Huntington recogidas en su libro El choque de civilizaciones (1996): “Sabemos quiénes somos sólo cuando sabemos quiénes no somos y con frecuencia sólo cuando sabemos contra quiénes estamos”. Impresión que materializa una idea ajena a la versión multicivilizacional y que vendría a ser la justificación para entender que la lógica estratégica trasciende los factores culturales. Bajo la hegemonía institucional de Narendra Modi, la India ha abierto un proceso global de expectativas. En el período 2016-2020 ha sido el principal receptor de transferencia armamentística para Francia, Israel o Rusia; aumentó el número de reactores nucleares y fortaleció su capacidad aérea con aviones Dassault Rafale o con un lote de helicópteros Apache. Todo apunta a que su dependencia tecnológico-militar con Rusia, forjada en sus tiempos de gestación como Estado Nación, será amortiguada por otros socios preferentes (impresión basada en las proyecciones ofrecidas por el informe publicado por Stockholm International Peace Research Institute con fecha 15 de marzo de 2021). Pensar el Pacífico desde el Índico es el ángulo de visión que explica la trascendencia de una decisión tomada por James N. Mattis, exsecretario de Defensa de EEUU, el 30 de mayo de 2018: la creación del Comando Indo-Pacífico cuyo cuartel general está en el Campamento H. M. Smith en Hawái. Aquel impulso determinó las características de una fuerza llamada a controlar dos océanos y más de la mitad de la superficie terrestre. Con la invención del hashtag #FreeandOpenIndoPacific se resume una lectura imperial del mundo. Sin menospreciar el papel de las contingencias es razonable afirmar que la percepción estadounidense sobre la conectividad Indo-Pacífica hará de India un socio vital en su acción exterior. Como decía Robert D. Kaplan, al abordar el dilema geográfico de la India, nos tocará despejar dudas sobre el sentido de sus rivalidades (emocionales, tácticas, comerciales) para anticipar su perdurabilidad y el carácter de las disputas a que den lugar; pero el subcontinente indio ya es hoy un cine con butacas preferentes para asistir a la exhibición del nuevo orden mundial. Alfredo Kramarz Doctor en Humanidades por la Universidad Carlos III de Madrid, experto en Política y Relaciones Internacionales, Máster en Relaciones Internacionales y Máster en Estudios Avanzados en Derechos Humanos. Columnista en medios de comunicación globales, profesor universitario, analista político y conferencista. Fue director del Colegio Mayor “Fernando de los Ríos” del 2016-2017 y Subdirector del mismo Colegio del año 2011-2016. Del año 2013 al 2014 se desempeñó como Subdirector del Colegio Mayor “Gregorio Peces-Barba” y del año 2009-2010 se desempeñó como miembro de la Comisión Académica de Titulación “Grado en Ciencias Políticas”. Entre sus proyectos de investigación se destacan: 1) Experience, memory and imagination Pratt Institute, Vanderbilt University y Universidad Carlos III. 2) Identidad, Memoria y Experiencia, Pratt Institute, Vanderbilt University y Universidad Carlos III. 3) Historia de los Derechos Fundamentales, Instituto de Derechos Humanos “Bartolomé de las Casas” de la Universidad Carlos III.

Ni la promesa ni el sueño: El difícil panorama de la reforma migratoria en Estados Unidos

Ni la promesa ni el sueño: El difícil panorama de la reforma migratoria en Estados Unidos

Colaboración publicada originalmente en El Economista. El incremento significativo desde inicios de este año en la cantidad de migrantes menores de edad, no acompañados, en la frontera México-Estados Unidos y las reacciones que ha generado entre republicanos y demócratas revelan con claridad que el camino hacia una reforma migratoria integral como la que prometió Biden en campaña sigue siendo largo y difícil. En sus primeros dos meses de gobierno Biden ha comunicado en múltiples ocasiones que la migración está entre sus prioridades más críticas. Su primer día en el cargo, por ejemplo, presentó la Ley de Ciudadanía (Citizenship Act 2021), una iniciativa de reforma exhaustiva “al sistema migratorio” que trata tanto causas como efectos de las migraciones y ofrece distintas vías de acceso a la ciudadanía a los más de 11 millones de migrantes sin documentos que viven en Estados Unidos. Se trata de la primera iniciativa que cancela el uso del término ilegal alien (extranjero o extraño ilegal) y propone, en vez, llamar “no ciudadanas” (non-citizen) a las personas migrantes indocumentadas. El júbilo que provocó esta posibilidad, sumado a la serie de acciones ejecutivas relacionadas con migración que Biden firmó desde su primer día crearon expectativas de concretar o avanzar una reforma sustantiva durante los primeros 100 días de gobierno -ese performance recurrente de grandes esperanzas y profundas decepciones. Sin embargo, solo 5 semanas después apareció una estrategia distinta en escena cuando representantes demócratas reactivaron dos iniciativas de ley que ofrecen esquemas muy acotados de acceso a la ciudadanía a grupos de migrantes que ya cuentan con la empatía y apoyo de buena parte de la opinión pública: los jóvenes dreamers; los trabajadores agrícolas indocumentados y grupos de personas que residen en Estados Unidos bajo criterios humanitarios o de protección temporal. Se trata de la Ley del Sueño Americano y Promesa (American Dream & Promise Act 2021) y la Ley de Modernización de Trabajadores Agrícolas (Farmwork & Modernization Act 2021), ambas aprobadas en la Cámara Baja en 2019 (sin que prosperaran al Senado) y programadas para voto esta semana en la misma instancia. Es posible que estemos ante estrategias complementarias de los demócratas para asegurar victorias en el corto plazo. O bien que la iniciativa integral de Biden sea más una declaración de principios que una ruta crítica hacia la reforma, o en el peor escenario, que sea ante todo una estrategia de comunicación. En todo caso, hasta hace unos días estas dos iniciativas específicas parecían la apuesta más pragmática y cercana para conquistar victorias iniciales en la Cámara Baja y pelear la verdadera batalla en un Senado dividido, en el que primero habría que convencer a 10 republicanos de apoyar la votación para evitar el temido mecanismo de obstrucción. Pero, la frontera. El fin de semana pasado el Ejecutivo tuvo que pedir apoyo a la Agencia Federal de Manejo de Emergencias (FEMA), al tiempo que un grupo de legisladores republicanos encabezados por Kevin McCarthy decidían visitar centros de detención para dar fe de la “catástrofe” que atribuyen a Biden. La perspectiva de votar esta semana iniciativas de regularización y acceso “cuando tienes la frontera abierta” y en crisis es “de una sordera absoluta”, dijo August Pfluger, legislador republicano que participó en la visita. ¿Y si las iniciativas acotadas tampoco prosperan? En el peor de los casos – plantean algunos demócratas- una versión reducida podría incluirse “en paquete” en la sesión de conciliación presupuestaria, cuya aprobación solo requiere una mayoría simple. Si esto representa una victoria acotada o una capitulación prematura está por verse. Lo que resulta evidente es que la construcción de consensos, incluso mínimos, en torno a la migración es un proceso delicado, no lineal, que requiere trabajo de fondo y estrategia desde antes del día uno y con vistas mucho más allá de los primeros 100 días, las elecciones intermedias, el 2024, etcétera. Gisela Calderón Góngora Internacionalista por El Colegio de México, Maestra en Ciencia Política por la London School of Economics & Political Science (LSE). Entre sus últimos cargos fue Directora de Asuntos Económicos y Red Global MX (2016- 2017) y Directora General Adjunta en el Instituto de los Mexicanos en el Exterior, de la Secretaría de Relaciones Exteriores (2018- inicios de 2019). Ha impartido cursos de temas diversos de relaciones internacionales y política en Londres (LSE) y la Ciudad de México (UDLA). Desde 2018 es Profesora de Política y Gobierno de Estados Unidos en la UDLA y a partir de abril de 2019 se encarga de la agenda de ciudadanía y sustentabilidad para América Latina en PepsiCo Internacional.

Política Exterior Feminista: aportaciones del feminismo interseccional y la interdisciplinariedad

Política Exterior Feminista: aportaciones del feminismo interseccional y la interdisciplinariedad

Política Exterior Feminista: aportaciones del feminismo interseccional, la interdisciplinariedad y el desarrollo territorial Este artículo propone un modelo de Política Exterior Feminista Mexicana (PEFM) basado en el feminismo interseccional, la interdisciplinariedad y el desarrollo territorial. Primero, exponemos las ventajas de adoptar una perspectiva interseccional, argumentando que ella requiere de una estructura interdisciplinaria para vincular a la PEFM con otras ramas de la política internacional. Señalamos también la diversidad de contextos socioculturales, económicos y geopolíticos de México para puntualizar la necesidad de instrumentar la PEFM a través de sistemas endógenos de desarrollo territorial. Por último, ejemplificamos cómo podría visualizarse la PEFM sugerida, indicando los retos que podría suponer su implementación al interior del país. Consulta el artículo en PDF aquí.

¿Política exterior feminista?: el informe de México a la CEDAW

¿Política exterior feminista?: el informe de México a la CEDAW

Colaboración publicada originalmente en El Economista. En las observaciones emitidas por el Comité CEDAW al informe presentado por México en 2018 se estableció que debido al alto nivel de violencia hacia las mujeres nuestro país tiene la obligación de emitir informes cada dos años y no cada cuatro como el resto de las naciones. El informe 2020 fue entregado en días pasados por la delegación mexicana y contrario a lo recomendado por el Comité, es claro que el gobierno ha abandonado los pocos avances en materia legislativa, programática y de política pública; y ha actuado en sentido contrario, al agravar la situación que viven millones de mujeres y niñas. Este contexto se ejemplifica mediante diversas acciones dictadas por el Ejecutivo Federal como la “circular 1” sobre la cancelación de los programas en los que participaban organizaciones de la sociedad civil (PROEQUIDAD o estancias infantiles) o la reducción de los presupuestos a condiciones mínimas de subsistencia (refugios para mujeres víctimas de violencia y servicios de protección a víctimas) generando afectaciones a millones de mujeres en todo el país. Esto ha generado efectos negativos en las organizaciones que se dedican a la defensa y protección de mujeres porque muchas operaban exclusivamente con los recursos provenientes de dichos programas, lo que ha disminuido notablemente su capacidad de organización y atención. La respuesta a estas determinaciones se ha acompañado de propuestas y recomendaciones por parte de expertas y organizaciones de la sociedad civil para fortalecer la política nacional de igualdad y la eliminación de la violencia contra las mujeres, mismas que no han sido tomadas en cuenta. Un ejemplo de esto es el Presupuesto de Egresos de la Federación 2021 que vislumbra un futuro poco alentador para las mujeres mexicanas. Al Anexo 13 se le suprimieron aquellos gastos destinados a la política de igualdad, y en su lugar se incrementaron programas considerados prioritarios para la actual administración, mismos que no cuentan con perspectiva de género, pues en su mayoría se trata de programas de entrega directa de recursos (tal es el caso del programa de pensiones para adultos mayores que concentra 46% de ese gasto). Lo anterior, a pesar de que se ha demostrado que la sola transferencia monetaria no reduce las brechas de género. Por otra parte, estas acciones son incongruentes con la campaña internacional emprendida por el gobierno y dirigida a identificarlo como aliado de las mujeres y sus derechos humanos, bajo el lema “política exterior feminista”, el funcionariado promueve una imagen distorsionada de la realidad pues, los últimos meses registran las cifras más elevadas de feminicidios y desapariciones de niñas y mujeres en el país, frente a un gobierno que ha demostrado no interesarse en garantizar el derecho de las mujeres y las niñas a una vida libre de violencia. En resumen, este gobierno en muy pocos meses ha debilitado el andamiaje institucional que tantas décadas costó construir para garantizar el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia y discriminación contraviniendo lo establecido en tratados internacionales y en preceptos constitucionales. Además, este contexto se ha visto agravado por los constantes ataques y descalificaciones del Presidente hacia el movimiento feminista, donde repetidamente acusa a las organizaciones de aliarse con grupos conservadores para afectarlo electoral y políticamente, fomentando la violencia hacia activistas y defensoras de derechos humanos de las mujeres en todo el país. La situación que enfrentamos las mujeres hoy en México exige un gobierno con altura de miras y con acciones serias y coordinadas que eviten que más mujeres sean asesinadas. Más allá de la politiquería, el llamado es claro: nos están matando. Patricia Olamendi Activista, profesora, ex funcionaria pública y analista, es doctora en Derecho y especialista en derechos humanos. Fue Diputada Federal en la LIV Legislatura y Subsecretaria para Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos de la SRE (2001-2005). Ha recibido diversos galarodnes, entre ellos la Encomienda de Número al Mérito Civil, otorgada por los Reyes de España, el Premio Clara Zetkin, el econocimiento al Mérito Ciudadano “Ciudad de México” entre otros.